Inauguración

La fotografía que Bruce Chatwin hiciera de María Reiche en lo alto de una escalera en la planicie de Nazca en Perú y que Alejandro Aravena instalara como imagen de esta XV Bienal de Arquitectura de Venecia, como toda fotografía deja lugar a las interpretaciones más diversas.

Chatwin, el fotógrafo que era escritor, como siempre iba pasando. Reiche, la arqueóloga que también estudió matemáticas, estaba ahí desentrañando y protegiendo los geoglifos. Aravena, el curador que es arquitecto, es quien nos presenta la fotografía y lo hace para ilustrar el necesario otro punto de vista que se necesitaría para operar decisivamente sobre la realidad, cosa en la que los tres personajes de esta pequeña historia son un ejemplo.

Por mi parte, reparo en la condición poética de una imagen fascinante, construida con elementos de tan distinto orden como son el desierto, la escalera de aluminio y la pollera a lunares que al volar deja ver el cuerpo ya maduro de María Reiche.

Creo también que la fotografía dice de ese habitar el territorio del que Chatwin daría cuenta tres años más tarde con su Patagonia.

Y, finalmente, me parece que la fotografía dice de la falta de cordura, de la chifladura de esta mujer que, con una escalera al hombro según nos propone Chatwin, fue capaz de legar kilómetros y kilometros de incógnitas a la humanidad.

Son esos tres aspectos, la poética, el territorio y la falta de cordura, los que sirven para presentar este Pabellón de Chile, porque sin ellos resulta difícil entender el quehacer de los quince jóvenes arquitectos cuyos trabajos de titulación aquí se presentan.

Son trabajos realizados en condiciones difíciles. A contracorriente. Obras que dicen de la dirección opuesta al que parecen ir las cosas.

Pequeñas arquitecturas que al pasar de la obviedad y la mera solución, vienen a aportar ilusión al día a día de las personas que habitan el Valle Central de Chile.

Juan Román
Curador